domingo, 22 de enero de 2012


III

Iba caminando con su sonrisa;
Alegrando los pasos despuntados
De todos ellos, de todos.
Sus ojos resplandecían
Su encanto sobrecogía.
Una dulzura que empalaga.
Por la armonía del mundo: derribadla.

Con intenciones ya lejanas  y sin discernir
Bailó una danza perpetua de golpes en su rostro.
No paraban, se amontonaban.
El ángel se disgregaba, los puños se colapsaban.
Sus alas llenas de plasma rogaban, suplicaban:
Solo el silencio la lloraba.

Nada ha quedado de su belleza, tampoco su voluntad.
Se perdió en el número cien, y acabó con la eternidad.
El mundo ha culminado
El furor de la pasión su cuerpo ha forzado
Que no sangra ni fluye: destila alas de ángel
En mil pedazos, rotas.




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