lunes, 12 de septiembre de 2011

Sanatorio


Una voz emergía de las paredes: pude sentir la necesidad de reconocerla pero su registro no aparecía, y no pude encontrarlo.
No era capaz de manejar la situación, el miedo inundaba mis entrañas y caía por mis órganos infectándolos con veneno y transformando todos mis sentidos.
Un amargo letargo descendía sobre mis heridas y visitaba mis recuerdos divididos en reales y ficticios. Me susurraba al oído que nunca me dejaría mudarme para siempre a la realidad. Ésta se rompía y flotaban sobre mis recuerdos, cristales rotos en pequeños pedazos que deshace la cordura, intensificando la pureza escondida en el mundo de los que nunca se quedan, siendo parte de otro ser.
El recuerdo era ahora olvido: descendí sobre sentimientos ahora desconocidos y demasiado... fugaces.
La locura del sanatorio me había envuelto en sus brazos hasta hacerme parte de ella.

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