viernes, 22 de julio de 2011

Comenzó a sonar una melodía de Tchaikovski y la nieve ahora era de un color rojo escarlata prominente. El piano se desvanecía dejando paso a los violines, y mis ojos volvieron a caer en el hechizo de la ilusión:
Era un lugar llano, un claro en un bosque lleno de pinos y pude reconocer que la canción de fondo era el Vals Sentimental.
Sabía que ese no era mi cuerpo, que volvía a ser pasajera de un hecho.
Una mujer  se dirigía hacia mi de manera elegante, no pude reconocer su rostro, pero inspiraba desconfianza. Tenía los labios pintados de blanco, el mismo color de su cabello recogido por un moño.  Caían del cielo copos de nieve rojos y negros, una fantasía que incluía todos los aspectos góticos y siniestros que se podía encontrar en el Saint Louise. Cogía la nieve roja del suelo pero ésta se derretía convirtiéndose en sangre…
- No te haré daño- dijo sonriente aquella mujer.

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